lunes, 15 de febrero de 2010

De todo un poco


Por qué no escribir sobre Caracas. De las entradas del Ávila (Sabas Nieves o La Julia). De Altamira y su Plaza Francia con protesta y fin de año. O del bulevar y su Gran Café. De las tascas de La Candelaria y su plaza (que realmente son dos). Del metrobús que me lleva a casa de Pancho, de su casa y hasta de él mismo. De sus pinturas, sus cuentos, los vinos y cigarros. O del pasillo de Letras, su gente, tierra de nadie, en fin de su Ciudad Universitaria...
Nos quejamos del caos de la ciudad, pero sin este desastre no podría llamarse así, para ello existen los campos. Sí, hay que hacerle unos cariñitos. ponerla bonita para sus pretendientes, pero al final es Caracas. A veces, estamos tan acostumbrados a su ruido que cuando llegamos a un sitio de paz, el silencio puede ser más molesto, tanto que queremos regresar. Obvio para otros no es así, están tan cansados de la rutina que salirse un poquito de ella, no viene nada mal.

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